lunes, 29 de agosto de 2016

El elefante desaparecido
Entender una obra de una manera mas íntima.

El lenguage y las expresiones usadas por un autor guardan estrecha relación con el lugar donde este vivio, el idioma que habla, la cultura del país en el que creció y del que mas empapado esta, es por ello que considero que un libro escrito por un autor es leído de una manera mas intima por su compatriota y en su idioma orignal, es diferente sumergirse en los caminos de conversación en la catedral mientras se evoca los recuerdos de una populosa Lima, o leer a García Márquez mientras se conoce Colombia. Pienso que esa misma teoría se puede aplicar a las películas, es por eso que estos últimos días estuve a la casa de una película que se ambientara en el Perú, pero que su tema central no sea el Perú.

El elefante desaparecido es una película policíaca, contada de una manera oscura, que propone un misterioso inicio, que se va acrecentado por la llegada de datos cada vez mas desconcertantes, que me mantuvieron con la atención pegada en el monitor tratando de resolver el misterio antes que fuera revelado (empresa que no logre), el final me hizo recordar a la cercanía entre la fantasía y la realidad que Cortazár imprimía en sus cuentos, (al final sentí algo así como despúes de leer "la noche al reves").
Salvador del Solar logro imprimir muy bien la desesperación y la duda que requería su personaje, y logra hacer natural y creíble la mezcla entre un culto y sensible escrito con la de un rudo y obstinado policiá comprometido con llegar al final de una historia; en conclusión diría que esta es de lejos la película peruana que mas me ha gustado de estos últimos 10 años. 
https://www.youtube.com/watch?v=ujD1iyZdU-c

miércoles, 24 de agosto de 2016

La determinación del camino

“Circunstancia y decisión son los dos elementos radicales de que se compone la vida. La circunstancia es lo que llamamos el mundo. La vida no elige su mundo, sino que vivir es encontrarse en un mundo determinado e incanjeable: en este de ahora. Nuestro mundo es la dimensión de fatalidad que integra nuestra vida.” La rebelión de las masas I, IV[1]

En la RAE se describe el destino como un encadenamiento de sucesos considerado como necesarios y fatales; como primera consideración tendré que decir que es imposible creer en el destino sin creer en alguna fuerza racional ordenadora, que de sentido a las circunstancias que se nos presentan en la vida y nos llevan o nos insinúan un destino trazado para nosotros; pues sin ese sustento consideraríamos que todos los sucesos que nos acontecen están regidos por la arbitrariedad o por una causalidad matemática de una cadena de sucesos que no guardan ningún plan para nosotros, en cuyo caso el resto de lo escrito no tendría  algún sentido. Conozco dos enfoques que se le da a la palabra destino, que creo se acomodan bastante a la definición propuesta por la RAE y que paso a exponer.
En el primer enfoque se considera al destino como una circunstancia que indefectiblemente ocurrirá, aunque nosotros nos empeñemos con toda nuestra fuerza en evitarlo, este sería un tipo de destino del que en definitiva no puede huir, aunque se pueda negar, en cuyo caso seríamos sancionados con infortunios o infelicidad por nuestra rebeldía. Un ejemplo de ello sería el caso de aquellos amores en los que, pese a las complicaciones y negaciones de sus dueños, logran salir adelante por la pura conspiración de hechos ajenos a la voluntad de sus actores.
Entiendo la segunda acepción de destino como un camino que se nos propone, y que tenemos la libertad de seguir o no; siendo que la consecuencia de hacerlo sea una vida feliz, y en caso contrario una existencia miserable, pues al no seguir el camino que se nos ha diseñado viviríamos una vida, que en principio no nos satisface por no estarnos diseñada, y que además probablemente no nos de los frutos que esperamos. Este camino nos estaría siendo constantemente recordado por la infelicidad a que nos lleva, o por sucesos que nos recuerden el verdadero camino a seguir, algo así como señales o pistas que se nos presentan. Un ejemplo de ello podría ser la vocación que siente un sacerdote, pues es un llamado que este descubre pero que en última instancia es libre de seguir, y deberá cargar con sus propios reproches en caso de haber tomado una mala decisión.



Me inclino a pensar que la segunda acepción es la correcta pues considero que, de una manera bastante más pequeña de lo que se insinúa, tenemos la última palabra en lo que haremos. Sin embargo pienso que, recogiendo lo que decía Ortega y Gasset, la gran mayoría de nuestras decisiones son tomadas maquinalmente, sin un esfuerzo del raciocinio que la justifique, son la pura espontaneidad de nuestras reacciones; aún las decisiones que creemos tomar libremente están fuertemente vinculadas por circunstancias en la que nos encontramos, como hemos sido criados, que hay en nuestras memorias, nuestra disposición para aprender, temperamento, etc. y son el cúmulo de estas decisiones, que miradas individualmente parecerían intrascendentes, las que marcan el camino que seguimos entonces ¿Dónde queda nuestra escoger libremente un futuro? Pienso que se desprende de en principio de que descubramos que no deberíamos estar haciendo algo, y que en consecuencia es necesario cambiarlo,  y en segunda la fuerza de voluntad para descubrir el verdadero camino, y la fuerza de voluntad para seguirlo; el primer elemento propuesto no pueda nacer de nosotros mismos, sino que tienen que nacer de un impulso externo, como la crítica que se nos hace, alguna circunstancia a la que enfrentamos, pues recordemos que somos seres de costumbre y podemos acostumbrarnos y aceptar casi cualquier cosa, aunque sea fuente de nuestra propia infelicidad, y que usualmente aceptamos tenemos por bueno lo que hacemos.
Son estas circunstancias las que se nos presentan para mejorar y encontrar nuestro “destino”, considero que la divinidad nos pone estas situaciones que son las únicas maneras que tenemos de iniciar un cambio y descubrir el camino que se nos tiene destinado para la felicidad, claro que para ello tendremos que hace uso de nuestra fuerza de voluntad, pues una cosa es darse cuenta de que se está mal y otra distinta es ser consecuente con este descubrimiento y plantearse una medida correctiva (quisiera acotar que aún  la intensidad de nuestra fuerza de voluntad está fuertemente influenciada por nuestro modo de crianza o por nuestro propio temperamento), entonces pienso que el destino sería Es un camino,especial para cada uno de nosotros, que se revela por el conjunto estructurado y racional, de toda las circunstancias, ajenas a nuestra voluntad, que han definido nuestro subconsciente,  aquellos sucesos externos que nos permiten darnos cuenta de nuestro errores, y el que somos libres de seguir o no.
La vida humana requiere de algunas decisiones trascendentales que están guiadas no por la moral sino por nuestras propias inclinaciones, tal es el caso de la pareja que escogemos, de la carrera que seguimos, la ciudad en la que vivimos, etc. Es en este punto que considero que el destino juega un papel especial brindándonos señales que nos permiten escoger el camino adecuado, como sería el caso propuesto del llamado que sienten los sacerdotes para dedicarse a este oficio, o en general el de las vocaciones por alguna profesión en particular, y es en estos espacios donde se muestra nuestra voluntad y se toma la decisión de seguir o no nuestro propio destino.
Creo que el destino existe, pero solo como una vía que nos plantea y que, pese a todas las insinuaciones o sucesos que nos puedan acontecer, tenemos la capacidad de seguir o no, con las consecuencias que lo nos puede acarrear, en cierto modo somos “dueños de nuestro propio destino”, pues ante todo somos libres y tenemos el deber de encontrar esta vía  y mantenernos en ella, pues la felicidad se encuentra antes que en la meta en el propio camino.




[1] C.J. González Serrano, Pensar en la circunstancia, Bonalletra Alcompas, España 2015

sábado, 6 de agosto de 2016

Capítulo II

Del modo que debemos conducirnos en la elección de nuestras esposas
De los jóvenes- de los sujetos más entrados en edad. Fin de obrar por nosotros mismos. Del amor- De las prendas. - De los deseos. - de la perfección. - justo valor de las cosas.

De los jóvenes.

Los jóvenes no han llegado aún a su mayoridad, como igualmente los que hace poco que llegaron a ella, no se hallan todavía en estado de casarse; y harán muy buen en no acelerar este momento, como manifestaremos en el capítulo cuarto de este librito. Sin embargo, como puede que muchos, por circunstancias particulares, se determinen a ejecutarlos  antes de la edad que les proponemos, no podemos menos de aconsejarles que en tales casos no obren en modo alguno por si solos; y si que escuchen con toda docilidad y atención los consejos de sus padres, y de aquellas otras personas de cuyo verdadero cariño e interés no puedan dudar; porque, como esta sujetos miran la cosa a sangre fría, y libres de toda pasión, es claro que han de verla tal como realmente es en sí, y que sus consejeros serán puros y saludables.
De los hombres de más edad.
Los sujetos que han salido ya de esa edad feliz de las ilusiones lisonjeras, por lo mismo que se halla destituida de toda experiencia, harán muy bien, siempre que entren en deseos de contraer matrimonio, en recorrer a los sabios consejos de los autores de su vida, si son todavía tan dichosos que no se les hayan muerto, Y en efecto, ¿Quién mirará sus asuntos y su bien venidero con mayor interés que unos hombres cargados de años y desengaños, que ven ya muy cerca la hora de dejar este engañoso mundo, y que no les queda más consejos y pareceres que el bien estar de una generación que miran justísimamente como obra suya, y en cuya futura felicidad están contemplando la continuación de la suya propia?.
Si estos por desgracia faltaren ya, no por eso se resuelvan a formar la elección de esposa por si solos; antes bien obrarán muy acertadamente, si con toda calma y sosiego consultan a sus mejores amigos, quienes, mirando el asunto sin preocupaciones, y con el interés que inspira una verdadera amistad no podrán menos de iluminar al que necesite de sus consejos; y procurándole separadamente los más secretos y seguros informes relativamente a las prendas verdaderas de la novia, de su parentela, de sus amigos y amigas, tratos, conocimiento, aderencias, modo de pensar, y demás requisitos indispensables para que un marido pueda ser venturoso en su compañía, le pondrán en estado de no poderse equivocar.
Incapacidad de obrar por si mismo

La viveza del espiritú, los conocimientos brillantes, la instrucción completa, el juicio sólido de los hombres mas completos no son nada, en este asunto, si se ponen en comparación con la fría serenidad de la edad madura, con la larga experiencia de un amigo antiguo, de un padre tierno, y sobre todo de una madre. El hombre, por sabio que sea, cuando trata este asunto por si solo, corre grandísimos riesgos de errar, a causa de que rara vez dejará de entrar en los casamientos, aun cuando no ve sea el que quieren un jovencito, su poco de pasión y alucinamiento, y cuando estas dos cosas dirigen un asunto ¿Cómo es posible no cometer los mayores desatinos?
Las ilusiones de la edad y el imperio que los deseos toman en el corazón del hombre que se ocupa de elegir una esposa, contribuyen de un modo poderoso a que se quede incapaz e inhábil para hacer su elección con acierto de modo, que en cualquiera edad que se encuentre el hombre que trata de casarse, hará siempre muy bien de rodearse de muy buenos consejos, porque de lo que haga va a depender la felicidad o infelicidad de todo lo restante de su vida, y para esto se dijo. Antes que te cases, mira lo que haces.
Del amor.

En las novelas y romances se mira siempre el amor como la primera condición de la felicidad humana, al paso que, a lo más es la última. Digo a lo más, porque una cosa muy disputable él lo sea, cuando el refrán, que siempre es hijo de la experiencia dice: casamiento con amores larga vida con dolores.
¿Qué es el amor? Mucho habría que decir sobre el particular y mucho se ha dicho, pues cada cual ha tratado este asunto a su manera. Pero en realidad, el amor no es mas que una fiebre ardiente, una verdadera enfermedad que nos ciega, nos arrebata, nos pone en un estado de delirio, nos quita el juicio, la sensatez, y el talento, y esto en tanto grado; que se le puede poner en el número de las afecciones mentales: ningún hombre este esento de esta fiebre, lo mismo que de otro ataque cualquiera. Una vez que ha llegado a apoderarse de nosotros, es preciso que haga su curso , sin que nada pueda  contener su progreso, ni prescribirle reglas. Si el objetivo que la ha producido es una persona verdaderamente digna de estimación y de afecto, esta enfermedad puede contribuir a nuestra dicha, así como hay otras que aseguran nuestra salud para lo sucesivo; pero cuando una muger que por ningún motivo puede convenirnos es la que nos ha contagiado, entonces nuestra enfermedad es una de las mas fatales y temibles: es una verdadera desgracia.

De la perfección.
De lo que acabamos de decir no se sigue absolutamente que sea indispensable exigir que la que ha de sernos esposa posea todo ese cúmulo de perfecciones: porque la perfección es tan rara, y tan difícil de encontrarse tanto, entre hombre como mujeres, que tal vez no es un desatino el asegurar que no se halla en la tierra una persona enteramente perfecta. Lo que intentamos dar a entender, es que el soltero que va a casarse debe trata de que la que ha de ser su parienta se acerque, en cuanto sea posible, a la perfección, y que si efectivamente tuviera algún defecto, se lo conozca antes el pretendiente, y se sienta con esfuerzo para sobrellevarlo. En una palabra, que sea una mujer que le convenga, según las circunstancias de entrambos, y vista la cosa desapasionadamente.

Justo el valor de las cosas.

Lo que valen en un hombre y una muger no es más que relativo. Laura conviene a Pedro, y sería intolerable para Jacinto. Es preciso pues, ante todo, que nos estudiemos a nosotros mismos, antes de buscar esposa; y si lo hacemos para otro, debemos igualmente trata de conocer a fondo las personas que pretendemos unir. Sin esta circunstancia, casi siempre nos llevaremos chasco.







lunes, 1 de agosto de 2016

Sorpresas en el baúl del abuelo
El Inicio de un interesante librito





Hace cerca de un mes encontré un viejo baúl con un montón de libros bastante antiguos, entre ellos me llamo la atención uno que tenía por título: "Arte de escoger una esposa y ser feliz con ella",  libro de  1838 escrito en español antiguo, (reemplaza la x con muchas otras letras, escribe muger y no mujer). En un inicio lo leí por la curiosidad de saber como funcionaban las mecánicas del cortejo en el siglo XIX y cuanto habrían cambiado a la fecha. Tras acabarlo me he dado cuenta de lo poco que han cambiado...., claro hemos cambiado los medios técnicos y algunos soportes, pero en esencia  los problemas siguen siendo bastante similares, nuestros padres nos achacan los mismos errores que el autor achaca a los jóvenes de la época, las estrategias de buscar consejo en los mejores amigos, los habituales desastres de las decisiones tomadas con la sola pasión, solemos adquirir expectativas alegadas de la realidad antes en obras de teatro y novelas y ahora en TV.
He decidido tipearlo todo por si que llega a interesar a alguien, y quizá llegue a algo totalmente distinto a lo que yo.




Arte de escoger una esposa y ser feliz con ella y ser feliz con ella, ó sea consejos para los solteros y para las cabezas de familia.
Este escrito da á conocer toda la importancia de saber escoger una esposa; espone las consecuencias de una mala elección, y la dicha que se consigue en una unión acertada.
Señala las influencias terribles que muchas veces son causa de que esta elección dependa de la exaltación de as pasiones, del capricho, o de la falta de discernimiento; e indica la conducta que deben observar en tales casos tanto los jóvenes, como los sugetos de mayor edad, y los auxilios que pueden proporcionarse para escoger de un modo conveniente.
Examina en seguida las conveniencias que resultan del nacimiento, familia, edad y salud, da á conocer las diversas proporciones de edad, segunda la complexión y el temperamento de cada cuál; trata del influjo que ejerce sobre la soberanía doméstica, tanto por lo que toca a una muger mas joven, como a una de la misma edad, y para las que se hallaren en otra mas adelantada.
Pasando a hablar de la fortuna, examina las pocas conveniencias de un hombre que carece de ella: da a conocer los efectos de la escacez, de la comodidad, de la opulencia, e indica las diferentes elecciones que se deben hacer, á tenor del estado en que cada cual se encuentre.
Despues de todas estas varias consideraciones, trata de mujeres blancas y de las morenas; explica la que mas conviene a uno, según la edad, salud y fuerza del pretendiente; entrando en observaciones y reflexiones particulares sobre este aunto, e indicando las excepciones y variaciones que la naturaleza suele presentar.
En seguido acto trata de la belleza del rosto y gallardia del cuerpo; presenta sus consideraciones sobre amas circunstancias, como igualmente sobre la mediana hermosura y hasta sobre la fealdad, desarrollando los motivos que puedan hacer preferible una u otra de esas dos cosas, según los casos en que cada individuo pueda encontrase alguna vez.
El cuidado que una muger ha de poner en el aliño de su propia persona, el aseo de sus cosas y el orden que debe hacerse reparable en cuanto le rodeare, son puntos sobre los cuales se debe fijar la atención, tanto como sobre cualquier otro de los más importantes, hacer ver cuán temible es el unirse con una persona descuidada, los inconvenientes y disgustos que por lo regular resultan de este desacierto, y el encanto continuo y siempre nuevo, que se halla en compañía de la amable señora, que se goza por fortuna, libre de semejantes defectos y dejadeces.
Tras esto, pasa a discurrir sobre el carácter, trata de los genios osados y de los tímidos, de las ligerezas y de las inconsecuencias en las acciones y en los razonamientos: se observa a la que pronto se enfada y pone ceño, a la imperiosa, a la disimulada, a la indolente, a la melancólica, a la coqueta, a la avara, a la que tiene espíritu de contradicción, etc. Etc.; como igualmente los diversos efectos que se siguen de estas malas circunstancias.
Los defectos corporales, el bueno o mal modo de presentarse, la exactitud y la falsedad del raciocinio, los inconvenientes y el encanto de las habilidades, los genios iguales o encontrados, y las consecuencias funestas, o lisonjeras, que cada una de estas trae consigo, forman parte esencial de la presente obra, cuyos artículos no pueden dejar de ser sobre manera interesante á los sujetos que se hallen en estado de tomar esposa, y a las señoritas que aspiren a ser de numero de las que no se mueren en el estado de solteras.
Indica además los medios y las supercherías permitidas, de que uno puede valerse para asegurarse de la fortuna real y efectiva, de la hermosura corporal, atenciones, orden, genio, carácter, costumbres, gusto, usos e inclinaciones verdaderas de la esposa que un pretende elegir.
Es tambien indispensable conocer los medios de adquirir una prueba cierta de que somos preferidos a todo otro concurrente y opositor, y que el consentimiento de la persona amada es una consecuencia legitima de esta apetecible preferencia, y no de un vano deseo de tomar estado, y representar un papel en el mundo, o bien de la sola sumisión a los mandatos paternos; lo que ciertamente no aseguraría para lo sucesivo, y nada menos que para toda la vida, aquellas delicias que un corazón sincero, sensible tiene derecho a desear en este mundo.
En esta obrita hallará tambien todo hombre honrado la conducta que debe observar para con su esposa; las contemporizaciones, las precauciones, la cautela, que uno debe imponerse, para proporcionarse una mutua felicidad; el agrado con que debe dirigir todas sus acciones, hacerla reparar sus descuidos, moderar sus deseos, y limitar sus gastos a lo que permitan sus medios y posibilidades, poner remedio a su falta de orden, prevenirla contra toda adulación y curarla de la enfermedad de los zelos, melancolía y arrebatos en caso de tenerlos.
En seguida establece el principio que el modo de obrar del hombre es lo que inspira la conducta  de la mujer, y que esta por lo regular, y según la mayor parte de las esperiencias tiene bien demostrado, se gobierna por el modelo que ve en su marido  y por las lecciones vivas que este le da: después trata de la necesidad que hay de ocupaciones para impedir el gérmen de las pasiones y defectos que se desarrolle: indica los cuidados interiores y esteriores, los maternos, los trabajos, o labores a que puede dedicarse toda muger que no tiene ocupación alguna forzosa, manifiesta evidentemente el buen resultado de tales ocupaciones y da a conocer de que maner puede el hombre inspirar ese gusto a su consorte.
Después de todo, pasa a los desahogos, recreos y placeres, dando a conocer la elecciónque se debe hacer en los juegos, música, espectáculo, bailes y de las diversiones de campo, que un hombre prudente debe disfrutar a medias con su mitad.
Y por fin, indica las preocupaciones que importa tomar para la suerte futura de su compañera, lo necesario que es el familiarizarla con los negocios de la casa, y conocimiento de los hombres, a fin que le sea fácil defender su interés, en caso de quedar viuda; hacerla prever todos los acontecimientos posibles, e indicarla como se puede remediar todo esto, terminando por esponer la tranquilidad y la serenidad de ánimo que un hombre honrado debe disfrutar, cuando ha llenado los importantes deberes que su situación le impone, como igualmente las desazones y sinsabores  que le rodean, cuando los ha llegado a descuidar.

Parte primera
Consideraciones diversas.
CAPITULO I.  De la importancia de la elección de una esposa.
Efectos de una buena elección. Efectos de la mala. Influjo de la educación. Consecuencias de una unión desacertada. Lo que debería ser. Lo que seguiría. De la exaltación y de la cordura. Consecuencias de la cordura. Sentimientos inútiles. Esperiencia perdida, resultados de la inesperencia. Conclusión.
Uno de los negocios más importantes del hombre, y el que seguramente es más difícil de llevar a buen término, al paso que influye tanto en su felicidad, es, sin duda alguna, la elección de una consorte.
Efectos de una buena elección
Cuando el hombre ha tenido la fortuna de acertar en la elección de la dulce compañera de su vida, tiene continuamente mil y mil motivos para darse la enhorabuena de ellos. Todo contribuye a llenarla de satisfacciones, y a completar su verdadera felicidad. Parece que entonces todo le sonríe, todo le lisongea. Todo le sale a medida de sus deseos; y esta complacencia esterior general escita su emulación en toda especie de asuntos, aumenta los medios de salir bien con sus empresas, hace mucho mayores sus prosperidades, y siembra de flores el camino de su vida.
Efectos de una mala elección
Cuando se ha tenido la desgracia de elegir mal, no hay momento, ni circunstancia en que el hombre no tenga continuados motivos de arrepentirse de su desacierto. Todo le molesta, todo le enfada, todo le importuna y agita. El desaliento le esta minando a la sorda, no hay medio para que nada le salga bien, en cuanto emprenda; y si por casualidad sucediera lo contrario, y el buen éxito coronase algunas de sus operaciones; no por esto puede considerarse feliz; pues los mas lisongeros acontecimientos no tienen para el valor alguno, ni ve en nada la menor esperanza de una alagueña perspectiva para lo venidero; al contrario su vida entera es una continuada pesadumbre, y a todas horas encuentra nuevos motivos de sinsabores y sentimientos, a mas de que la imaginación exaltada por ideas e ilusiones, que tal vez nada absolutamente tienen en realidad,  le presenta sin cesar la suerte agena como unos alagos y deleites que acibaran mas y mas la suya; redoblando son esto sus congojas, a las cuales no ve mas término que el fin de su existencia, o el de la persona que inconsiderablemente eligió para compañera suya.
Influjo de la educación
La educación y las primeras relaciones del hombre con la sociedad, de la cual es por decirlo asi, individuo nato, en lugar de facilitarle los medios de poder llegar a hacer esta interesante elección con el acierto  que se necesita, no sirven las mas de las veces sino para hacerle depender del primer, o del primer capricho; y de este modo, el error de un momento forma una cadena que ha de durar tanto como la vida, que será de flores  o de espinas según hubiera sido la elección. En tanto que esta no está completamente sancionada por el terrible si, hay todavía mil millones de medios, todos no diré fáciles sino facilísimos para volver atrás, y evitar un espantosos precipicio; pero una vez dado el mal paso, no hay remedio alguno; y lo único que le cabe al que se precipitó, es tirar del carro a que se halla atado, y maldecir un destino que su propia consideración le ha labrado.
Casi todas las producciones de literatura, y bellas artes, sobre todo los romances o novelas, las piezas de teatro y las poesías tienen una influencia directa en nuestra imaginación, exaltándola a medida de lo que son más o menos bien pintados los lances que nos ofrece su lectura: ellas la escitan y arrastran a precipitar su determinación, cuando se trata de elegir nuestra consorte; o por mejor decirlo, ellas nos impiden el que la hagamos con aquel pulso y madurez que se requiere en una empresa tan ardua como difícil de acertar, aunque poquísimos o nadie, y es lo más cierto, pone en aquel momento en duda el acierto de la elección que está haciendo; por que como para ella no nos valemos más que de una débil y engañada razón, a la cual tienen como en asedio las más vivas y acaloradas pasiones; no vemos cosa alguna como real y efectivamente es en sí, sino conforme no lo están presentando los engañosos anteojos de la ilusión con la que miramos. Y en efecto ¿cuantos, y cuantos casamientos se han hecho en este mundo, que un solo momento los ha resuelto?, la primera mujer que se presenta a un joven sea o no de edad bastante proporcionada a la suya, este o no, suficientemente dotada de los dones de la naturaleza, tenga un carácter bueno, dulce, suave, angelical, o bien terrible, y diabólico, hayasele dado una educación escogida o descuidad; y por fin tenga o carezca, de las indispensables prendas y calidades que pueden hacer feliz al que abraze el estado de matrimonio; si la casualidad proporciona el momento de una conversación animada; si ella sabe mover a tiempo unos ojos centellantes y hechiceros; si tiene la habilidad de que carecen pocas, de dar a sus espresiones un tono sentimental y patético, y se sonríe a tiempo con gracia, si en una palabra, pone en ejecución reglas del arte mágico de enamorar, el hombre queda rendido, encantado, fuera de si, no sabe lo que le pasa, mayormente si no tiene suficiente especiencia, si es de los que se llaman del primer vuelo; y desde aquel fatal instante, no vive ya, no alienta mas que para el objeto encantador que le robo las potencias y sentidos; instante que fue ciertamente para el, el mas delicioso que había disfrutado en toda su vida, dede el cual forma toda su gloria en que le hizo sentir la necesidad de unirse a una mujer, sin ver en ella mas que un cumulo de perfecciones, que tal vez, alomenos la mayor parte metan muy lejos de adornar a la persona amada, y solo existen en la frenética ilusión del enamorado, ilusión, ilusión que por fin si fuese duradera, haría que alomenos se creyeran felices los mas desgraciados; pero que, para colmo de nuestras desdichas, no suele durar mas que el tiempo indispensable para que ya sea indisoluble el lzao que nos ha da unir con la soñada divinidad que nos cuativó, y  que a pocos días de consumado el casamiento, desaparece tal como hubiéramos debido haberla visto, desde tal vez esto una astucia de la próvida naturaleza, paraque los hombres se unan para siempre con el sexo femenino; pues no hay duda que sin la ceguedad de esta terrible ilusión, de cada mil matrimonios que se contraen no se ejecutaría una docena.
Consecuencias de una decisión desacertada.
Una vez dado este primer mal paso de la elección, hay que advertir que cuanto mas tiene de estravagente, tantas mas circunstancias se reúnen para impedirnos el conocimiento del error en que caemos. Un buen amigo, si nos hallásemos en estado de dar oídos a sus consejos, es el único que podría romper las cataratas de nuestros ojos, y hacernos conocer el verdadero estado de ilusión y frenesí en que estamos; pero lo que hay de mas fatal en esto, es que en tanto que la ilusión y enajenamiento dura; todo cuanto se nos quiere decir, para disuadirnos de la empresa a que nos arrojamos, es otro tanto machacar en yerro frio, y predicar en desierto; pues todo lo atribuimos a envidia y malas voluntades, estando como estamos plenamente persuadidos de que es del todo imposible que una persona que ha llegado a arrebatar nuestras atenciones y hacerse con el absoluto dominio de nuestro corazón, tenga los borrones que se le quieren suponer, y que nosotros indispensablemente  debiéramos haberla conocido. Por otra parte, no faltan aduladores, partidarios de la señorita, y por un motivo u otro estan interesados en la realización de la boda: y estos nos están incesantemente haciendo los mas escecivos elogios del objeto que nos tiene encantados, y acaban de precipitarnos al abismo, que después ha de serlo de todo nuestro desconsuelo.
Lo que debería ser.

Sería una cosa sumamente digna de los cuidados y cariños paternales el que en la educación de nuestra juventud lo que dirigiese toda una sana razón, libre en cuanto que pueda contribuir a exaltar nuestra imaginación sin fundado motivo, y fuera del caso. Sería tambien una empresa muy digna de los juiciosos literatos el que no diesen a luz más que obras capaces de instruir y deleitar, sin presentar tantas escenas romancescas de ciertos entendimientos continuamente delirantes, que parece porfían entre ellos a quien concebirá mayores extravagancias, y las mas de las veces pagan su fatal contagio a los pobres lectores. Por fin sería muy y muy dingo de todos los ilustres artistas el que no se empleasen mas que en presentar rasgos de las mas acendradas virtudes, y acciones merecedoras de la mayor estimación y aprecio. Entonces, las travesuras, las obscenidades, los arrebatos apasionados, todas las cosas en fin que no han sido mas que estravíos  de la razón, y desenfrenos de almas mal nacidas, habrían quedado sepultadas en el eterno letargo, a que eran únicamente acreedoras. Pero por desgracia no es así. Las manos maestras se emplean pocas veces en dar celebridad a la corrupción de costumbres, las fantasías se exaltan, las pasiones se inflaman, y revienta antes de tiempo una estruendosa mina. Sería pues de desear, para nuestro propio bien, que las cosas se restituyesen al estado que llevamos dicho: y sobre todo que se diese a nuestros jóvenes una educación menos frívola, una educación, que les indujese a raciocinar con buena lógica, desde sus años inespertos, presentándoles la carrera de la vida con todos los precipicios que la rodean, y los malos pasos que es preciso saber evitar para llegar felizmente a puerto seguro.

Lo que se seguiría de esto
Entonces todo concurriaia a coronar las primaveras y verano de nuestra vida con las esquisitas guirlandas de las isntrucción, hermoseándola con unos placeres, que no estarían tan juntos al peligro, porque serían puros y juiciosos, y estarían dirigidos por la sana razón. Esta, el discernimiento y el gusto dirigirían al hombre ene sus mas mínimos proyectos, y toda su existencia se resentiría afortunadamente de este concurso y reunión de circunstancias benéficas y tutelares.
De la exaltación y de la cordura.
Necio es quien llegara a crear que las imaginaciones acaloradas proporcionan mayor dosis de placer que aquellas que están gobernadas por las reglas de la cordura. Al contrario, aquellas suelen ser muy frecuentemente un inagotable manantial de yerros, extravíos y desaciertos, que un día u otro nos causan los mas vivos pesares, al paso que el hombre sabe ser dueño de si, y prescribir unos justos limites a sus delicias y recreos, esta saborea muy a menudo unas sensaciones, tanto mas deliciosas cuanto menos tienen de exageración o desarreglo.

Consecuencias de la cordura.
Esta cordura, esta sabiduría, que todos deberíamos desear que dirigiese y gobernase esclusivamente las mas indiferentes acciones de nuestra vida, haría que la juventud fuese más confiada y mas dócil a los consejos de los padres y mayores, a todos los que tienen la espriencia que da la edad, y que se sienten inclinados a comunicar sus frutos a la generación que va a sucederse; generación que debería recoger esos frutos de su esperiencia con una gratitud  y un agradecimiento sin límites; al paso que por su propia desgracia, y por una fatalidad inconcebible, casi siempre desdeña un don tan precioso, para adquirirlo después a fuerza de penalidades  y escarmientos, y las más de las veces a costa de su felicidad y fortuna.

Sentimientos inútiles.
¡Oh si yo pudiese volver a empezar las carrera de mi vida! Suele decir el hombre al acercarse el invierno de sus años. ¡Cuantos terribilísimos escollos sabría evitar ¡ ¡Oh que bien emplearía los bellos años de la juventud¡, ¡Cuan diferentemente obraría de lo que he hecho¡… Sentimientos vanos, vanas exclamaciones. En tanto que el yerro esta caliente se necesita machacar, En llegando a enfriarse todo trabajo es perdido. Los bellos años de la vida se le han pasado ya al viejo,  y no los volverá a ver. Los animales no son como los vegetales. Muchos de estos tienen, por decirlo así, una vida que se renueva todos los años, pero nosotros no tenemos mas que una primavera, un verano, un otoño y un invierno. Llegando este, es segura nuestra partida; y ojala no se viesen tantos y tanos precisados a ejecutarla antes de tiempo, aprovechad las lecciones de la sabiduría; y no tendréis que arrepentiros después, de haber dado en tal fatales estravíos.

Espereincia perdida
La juventud debería perferir los tesoros inapreciables de esta esperiencia a las mas ricas herencias; pero ¡como es posible que nuestros jóvenes den la esperiencia de los ancianos el valor que efectivamente tiene, cuando todo cuanto se les ofrece en sus inespertos años contribuye a que la miren como un verdadero desatino y una declarada chochez. En efecto en todos nuestros teatros, en un sinfín de libros y de cuadros, solo se le presenten extravagancias, como modelos que deben seguir, pintándosele siempre a los jefes de familia y a todo anciano, como a gentes destituidas ya del uso de la razón, y más niños que los niños. Con esto los esfuerzos y cuidados de la generación que se va quedan inutilizados para la que viene y todo el fruto de su esperiencia queda perdido; porque ¿Quién ha de aprovecharse de las buenas máximas que pueden esforzarse en querernos inspirar aquellos sujetos que estamos acostumbrados a mirar continuamente como unos seres ridículos? La ancianidad ha logrado bien a su costa hacer un gran fondo de esperiencia y de saber; pero este y aquella le acompañan hasta el sepulcro, y allí se entierran tambien con aquellos honrados cadáveres, que tanto padecieron para logar su interesante adquisición, y la generación que le sucede no saca ningún fruto de ella. Pero sírvanos de consuelo que este error ha reinado siempre, y que lo mismo había sucedido tambien a las generaciones.

Resultados de la inexperiencia.

El más fatal resultado de la inexperiencia y de la sinrazón, resultado contra el cual deberíamos estar siempre alerta, es la mala elección de una muger. Se puede volver a adquirir un caudal semejante, y aun, si se me apura, superior al que se haya perdido, jugado o malgastado: se puede recobrar la salud después de la mas cruel enfermedad; a amuchas otras cosas se puede poner remedio, y aplicar una cura radical; pero dado el si, no hay que volver atrás en la ceremonia matrimonial; y solo la muerte de uno de los contrayentes puede deshacer el lazo del matrimonio. Luego este es uno de los asuntos mas interesantes para el hombre; pues ha de ser nada menos que para toda su vida; y los emprendemos como cosa muy frívola y de poquísimas consecuencias. Si, una vez conocemos los tropiezos a que puede arrastrarnos la falta de esperiencia propia, fuésemos capaces de aprovecharnos de la esperiencia agena; si escuchásemos con docilidad consejos de las personas escarmentadas en materia de casamientos; no hay dudad que aloménos conseguiríamos evitar los daños que necesariamente deben resultar de hacer las cosas a ciegas, y como quien dice sin consejo alguno; y aun cuando por la complicación de tantas circunstancias como se reúnen en los galanteos, no siempre se lograse acertar en la elección, a causa de ser este uno de los asuntos mas espinosos; alo menos los casamientos que acertados fueran mucho mas frecuentes de lo que son ahora, y en los que saliesen desacertadas se tendría a lo menos el consuelo de que la suerte y un destino fatal se habían tenazmente opuesto a la sagacidad de todas las precauciones y cautelas; y que se había hecho cuento era posible para acertar.
            
Conclusión
En vista de todo lo que acabamos de decir, es evidente que el que desee ser dichoso en el estado del matrimonio, y disfrutar de aquella paz interior que forma las delicias de toda persona sensata y de buenos sentimientos, debe estar muy alerta contra las acechanzas de la seducción y encanto con que suelen ofrecerse a los ojos nuevos e incautos esos objetivos que, sea cual fuera su carácter interior verdadero, suelen presentarse a cautivar voluntades, bajo un aspecto el más lisongero y atractivo. Observación continua, serenidad, calma y sosiego  son calidades necesarias para proceder con alguna probabilidad de acertar, en la elección de una compañera, y si a todo esto, y aun continuó estar sobre si, para averiguar por todos lados si la persona posee realmente todo las circunstancias que aparenta, o bien, si es muy ardiente de ser felices, y de no obtener la mano de tal o tal señora, convengamos o no nos convenga, buscando con ahinco los consejos de quien no los puede dar saludables y desintereados, podremos estar plenamente persuadidos de haber hecho cuanto estaba de nuestra parte, para dar en el blanco, y conseguir la felicidad terrestre de nuestras personas.

viernes, 20 de mayo de 2016




Sobre la carrera por la atención.

Que tan productiva puede ser la ansiedad con que el interesado en una mujer se apresura a prodigarle toda la atención de la que es capaz, todos los gurús del amor a que he consultado coinciden en que prestarles demasiada atención termina por desanimarlas, sin embargo ellas siempre están alegres de recibir atención de sus parejas o del hombre que codician, ¿Cómo se explica que la atención que uno les brinde puede llegar a agobiarlas? la respuesta más esclarecedora vino de un amigo mío, “tambien hay que ser interesante”. La mujer quiere la atención de alguien que consideren “dignos”, es en ese sentido que la atención de un pusilánime enclenque les será repulsiva, aunque este se las ofrezca con todo el fervor del que sea capaz su corazón, antes bien estarían preferirían conformarse las migajas de atención que un “verdadero hombre” (aún evaluó el uso de estas comillas) pueda brindarles. Lo que implica ser un verdadero hombre, alguien digno, variara de mujer en mujer, (en el caso de la mayoría de mujeres responde a estándares culturales).

La pregunta que cualquier hombre debe hacerse es si tiene el valor suficiente a ojos de la amada, es decir el valor que me haría lo suficientemente digno a sus ojos, para que la atención que pueda brindarles les resulte atractivas.

En caso un hombre llegará a la conclusión de que es un pusilánime enclenque, debería iniciar la búsqueda por la grandeza persona, (proyecto que implica otros dos ingredientes altamente cotizados por las mujeres, “seguridad en uno mismo” y “estabilidad”, cuanto menos la necesaria para que se tracen objetivos que signifiquen estar siguiendo un plan para la vida, sea el que sea).

En caso de que nos consideráramos un hombre “digno” de que reciban con brazos abiertos nuestra atención, y que este sentimiento no sea compartido por la mujer en cuestión, las opciones que se presentan, están realmente cercanas a dejar en paz a la mujer por incompatibilidad de caracteres (nada más grotesco que aquel que hace monadas para imitar al galán de moda en búsqueda de una mujer claramente superficial).


Notas para un cuento próximo

El autobús corría sobre la pista llena de baches, Tiago mantenía las ganas de leer a Cortázar,