Sorpresas en el baúl del abuelo
El Inicio de un interesante librito
Hace cerca de un mes encontré un viejo baúl con un montón de libros bastante antiguos, entre ellos me llamo la atención uno que tenía por título: "Arte de escoger una esposa y ser feliz con ella", libro de 1838 escrito en español antiguo, (reemplaza la x con muchas otras letras, escribe muger y no mujer). En un inicio lo leí por la curiosidad de saber como funcionaban las mecánicas del cortejo en el siglo XIX y cuanto habrían cambiado a la fecha. Tras acabarlo me he dado cuenta de lo poco que han cambiado...., claro hemos cambiado los medios técnicos y algunos soportes, pero en esencia los problemas siguen siendo bastante similares, nuestros padres nos achacan los mismos errores que el autor achaca a los jóvenes de la época, las estrategias de buscar consejo en los mejores amigos, los habituales desastres de las decisiones tomadas con la sola pasión, solemos adquirir expectativas alegadas de la realidad antes en obras de teatro y novelas y ahora en TV.
He decidido tipearlo todo por si que llega a interesar a alguien, y quizá llegue a algo totalmente distinto a lo que yo.
Arte de escoger una esposa y
ser feliz con ella y ser feliz con ella, ó
sea consejos para los solteros y para las cabezas de familia.
Este escrito da á conocer toda la importancia de saber escoger una esposa;
espone las consecuencias de una mala elección, y la dicha que se consigue en
una unión acertada.
Señala las influencias terribles que muchas veces son causa de que esta
elección dependa de la exaltación de as pasiones, del capricho, o de la falta
de discernimiento; e indica la conducta que deben observar en tales casos tanto
los jóvenes, como los sugetos de mayor edad, y los auxilios que pueden
proporcionarse para escoger de un modo conveniente.
Examina en seguida las conveniencias que resultan del nacimiento, familia,
edad y salud, da á conocer las diversas proporciones de edad, segunda la
complexión y el temperamento de cada cuál; trata del influjo que ejerce sobre
la soberanía doméstica, tanto por lo que toca a una muger mas joven, como a una
de la misma edad, y para las que se hallaren en otra mas adelantada.
Pasando a hablar de la fortuna, examina las pocas conveniencias de un
hombre que carece de ella: da a conocer los efectos de la escacez, de la
comodidad, de la opulencia, e indica las diferentes elecciones que se deben
hacer, á tenor del estado en que cada cual se encuentre.
Despues de todas estas varias consideraciones, trata de mujeres blancas y
de las morenas; explica la que mas conviene a uno, según la edad, salud y
fuerza del pretendiente; entrando en observaciones y reflexiones particulares
sobre este aunto, e indicando las excepciones y variaciones que la naturaleza
suele presentar.
En seguido acto trata de la belleza del rosto y gallardia del cuerpo;
presenta sus consideraciones sobre amas circunstancias, como igualmente sobre
la mediana hermosura y hasta sobre la fealdad, desarrollando los motivos que
puedan hacer preferible una u otra de esas dos cosas, según los casos en que
cada individuo pueda encontrase alguna vez.
El cuidado que una muger ha de poner en el aliño de su propia persona, el
aseo de sus cosas y el orden que debe hacerse reparable en cuanto le rodeare,
son puntos sobre los cuales se debe fijar la atención, tanto como sobre
cualquier otro de los más importantes, hacer ver cuán temible es el unirse con
una persona descuidada, los inconvenientes y disgustos que por lo regular
resultan de este desacierto, y el encanto continuo y siempre nuevo, que se
halla en compañía de la amable señora, que se goza por fortuna, libre de
semejantes defectos y dejadeces.
Tras esto, pasa a discurrir sobre el carácter, trata de los genios osados y
de los tímidos, de las ligerezas y de las inconsecuencias en las acciones y en
los razonamientos: se observa a la que pronto se enfada y pone ceño, a la
imperiosa, a la disimulada, a la indolente, a la melancólica, a la coqueta, a
la avara, a la que tiene espíritu de contradicción, etc. Etc.; como igualmente
los diversos efectos que se siguen de estas malas circunstancias.
Los defectos corporales, el bueno o mal modo de presentarse, la exactitud y
la falsedad del raciocinio, los inconvenientes y el encanto de las habilidades,
los genios iguales o encontrados, y las consecuencias funestas, o lisonjeras,
que cada una de estas trae consigo, forman parte esencial de la presente obra,
cuyos artículos no pueden dejar de ser sobre manera interesante á los sujetos
que se hallen en estado de tomar esposa, y a las señoritas que aspiren a ser de
numero de las que no se mueren en el estado de solteras.
Indica además los medios y las supercherías permitidas, de que uno puede
valerse para asegurarse de la fortuna real y efectiva, de la hermosura
corporal, atenciones, orden, genio, carácter, costumbres, gusto, usos e
inclinaciones verdaderas de la esposa que un pretende elegir.
Es tambien indispensable conocer los medios de adquirir una prueba cierta
de que somos preferidos a todo otro concurrente y opositor, y que el
consentimiento de la persona amada es una consecuencia legitima de esta
apetecible preferencia, y no de un vano deseo de tomar estado, y representar un
papel en el mundo, o bien de la sola sumisión a los mandatos paternos; lo que
ciertamente no aseguraría para lo sucesivo, y nada menos que para toda la vida,
aquellas delicias que un corazón sincero, sensible tiene derecho a desear en
este mundo.
En esta obrita hallará tambien todo hombre honrado la conducta que debe
observar para con su esposa; las contemporizaciones, las precauciones, la
cautela, que uno debe imponerse, para proporcionarse una mutua felicidad; el
agrado con que debe dirigir todas sus acciones, hacerla reparar sus descuidos,
moderar sus deseos, y limitar sus gastos a lo que permitan sus medios y
posibilidades, poner remedio a su falta de orden, prevenirla contra toda
adulación y curarla de la enfermedad de los zelos, melancolía y arrebatos en caso
de tenerlos.
En seguida establece el principio que el modo de obrar del hombre es lo que
inspira la conducta de la mujer, y que
esta por lo regular, y según la mayor parte de las esperiencias tiene bien
demostrado, se gobierna por el modelo que ve en su marido y por las lecciones vivas que este le da:
después trata de la necesidad que hay de ocupaciones para impedir el gérmen de
las pasiones y defectos que se desarrolle: indica los cuidados interiores y
esteriores, los maternos, los trabajos, o labores a que puede dedicarse toda
muger que no tiene ocupación alguna forzosa, manifiesta evidentemente el buen
resultado de tales ocupaciones y da a conocer de que maner puede el hombre
inspirar ese gusto a su consorte.
Después de todo, pasa a los desahogos, recreos y placeres, dando a conocer
la elecciónque se debe hacer en los juegos, música, espectáculo, bailes y de
las diversiones de campo, que un hombre prudente debe disfrutar a medias con su
mitad.
Y por fin, indica las preocupaciones que importa tomar para la suerte
futura de su compañera, lo necesario que es el familiarizarla con los negocios
de la casa, y conocimiento de los hombres, a fin que le sea fácil defender su
interés, en caso de quedar viuda; hacerla prever todos los acontecimientos
posibles, e indicarla como se puede remediar todo esto, terminando por esponer
la tranquilidad y la serenidad de ánimo que un hombre honrado debe disfrutar,
cuando ha llenado los importantes deberes que su situación le impone, como
igualmente las desazones y sinsabores que le rodean, cuando los ha llegado a
descuidar.
Parte primera
Consideraciones diversas.
CAPITULO I. De
la importancia de la elección de una esposa.
Efectos de una buena
elección. Efectos de la mala. Influjo de la educación. Consecuencias de una
unión desacertada. Lo que debería ser. Lo que seguiría. De la exaltación y de
la cordura. Consecuencias de la cordura. Sentimientos inútiles. Esperiencia
perdida, resultados de la inesperencia. Conclusión.
Uno de los negocios más importantes del hombre, y el que seguramente es más
difícil de llevar a buen término, al paso que influye tanto en su felicidad,
es, sin duda alguna, la elección de una consorte.
Efectos de una buena
elección
Cuando el hombre ha tenido la fortuna de acertar en la elección de la dulce
compañera de su vida, tiene continuamente mil y mil motivos para darse la
enhorabuena de ellos. Todo contribuye a llenarla de satisfacciones, y a
completar su verdadera felicidad. Parece que entonces todo le sonríe, todo le
lisongea. Todo le sale a medida de sus deseos; y esta complacencia esterior
general escita su emulación en toda especie de asuntos, aumenta los medios de
salir bien con sus empresas, hace mucho mayores sus prosperidades, y siembra de
flores el camino de su vida.
Efectos de una mala elección
Cuando se ha tenido la desgracia de elegir mal, no hay momento, ni
circunstancia en que el hombre no tenga continuados motivos de arrepentirse de
su desacierto. Todo le molesta, todo le enfada, todo le importuna y agita. El
desaliento le esta minando a la sorda, no hay medio para que nada le salga
bien, en cuanto emprenda; y si por casualidad sucediera lo contrario, y el buen
éxito coronase algunas de sus operaciones; no por esto puede considerarse
feliz; pues los mas lisongeros acontecimientos no tienen para el valor alguno,
ni ve en nada la menor esperanza de una alagueña perspectiva para lo venidero;
al contrario su vida entera es una continuada pesadumbre, y a todas horas
encuentra nuevos motivos de sinsabores y sentimientos, a mas de que la
imaginación exaltada por ideas e ilusiones, que tal vez nada absolutamente
tienen en realidad, le presenta sin
cesar la suerte agena como unos alagos y deleites que acibaran mas y mas la
suya; redoblando son esto sus congojas, a las cuales no ve mas término que el fin
de su existencia, o el de la persona que inconsiderablemente eligió para
compañera suya.
Influjo de la educación
La educación y las primeras relaciones del hombre con la sociedad, de la
cual es por decirlo asi, individuo nato, en lugar de facilitarle los medios de
poder llegar a hacer esta interesante elección con el acierto que se necesita, no sirven las mas de las
veces sino para hacerle depender del primer, o del primer capricho; y de este
modo, el error de un momento forma una cadena que ha de durar tanto como la
vida, que será de flores o de espinas
según hubiera sido la elección. En tanto que esta no está completamente
sancionada por el terrible si, hay todavía mil millones de medios, todos no
diré fáciles sino facilísimos para volver atrás, y evitar un espantosos
precipicio; pero una vez dado el mal paso, no hay remedio alguno; y lo único
que le cabe al que se precipitó, es tirar del carro a que se halla atado, y
maldecir un destino que su propia consideración le ha labrado.
Casi todas las producciones de literatura, y bellas artes, sobre todo los
romances o novelas, las piezas de teatro y las poesías tienen una influencia
directa en nuestra imaginación, exaltándola a medida de lo que son más o menos
bien pintados los lances que nos ofrece su lectura: ellas la escitan y
arrastran a precipitar su determinación, cuando se trata de elegir nuestra
consorte; o por mejor decirlo, ellas nos impiden el que la hagamos con aquel
pulso y madurez que se requiere en una empresa tan ardua como difícil de
acertar, aunque poquísimos o nadie, y es lo más cierto, pone en aquel momento
en duda el acierto de la elección que está haciendo; por que como para ella no
nos valemos más que de una débil y engañada razón, a la cual tienen como en
asedio las más vivas y acaloradas pasiones; no vemos cosa alguna como real y
efectivamente es en sí, sino conforme no lo están presentando los engañosos
anteojos de la ilusión con la que miramos. Y en efecto ¿cuantos, y cuantos
casamientos se han hecho en este mundo, que un solo momento los ha resuelto?,
la primera mujer que se presenta a un joven sea o no de edad bastante
proporcionada a la suya, este o no, suficientemente dotada de los dones de la
naturaleza, tenga un carácter bueno, dulce, suave, angelical, o bien terrible,
y diabólico, hayasele dado una educación escogida o descuidad; y por fin tenga
o carezca, de las indispensables prendas y calidades que pueden hacer feliz al
que abraze el estado de matrimonio; si la casualidad proporciona el momento de
una conversación animada; si ella sabe mover a tiempo unos ojos centellantes y
hechiceros; si tiene la habilidad de que carecen pocas, de dar a sus
espresiones un tono sentimental y patético, y se sonríe a tiempo con gracia, si
en una palabra, pone en ejecución reglas del arte mágico de enamorar, el hombre
queda rendido, encantado, fuera de si, no sabe lo que le pasa, mayormente si no
tiene suficiente especiencia, si es de los que se llaman del primer vuelo; y
desde aquel fatal instante, no vive ya, no alienta mas que para el objeto
encantador que le robo las potencias y sentidos; instante que fue ciertamente
para el, el mas delicioso que había disfrutado en toda su vida, dede el cual
forma toda su gloria en que le hizo sentir la necesidad de unirse a una mujer,
sin ver en ella mas que un cumulo de perfecciones, que tal vez, alomenos la
mayor parte metan muy lejos de adornar a la persona amada, y solo existen en la
frenética ilusión del enamorado, ilusión, ilusión que por fin si fuese
duradera, haría que alomenos se creyeran felices los mas desgraciados; pero
que, para colmo de nuestras desdichas, no suele durar mas que el tiempo
indispensable para que ya sea indisoluble el lzao que nos ha da unir con la
soñada divinidad que nos cuativó, y que
a pocos días de consumado el casamiento, desaparece tal como hubiéramos debido
haberla visto, desde tal vez esto una astucia de la próvida naturaleza, paraque
los hombres se unan para siempre con el sexo femenino; pues no hay duda que sin
la ceguedad de esta terrible ilusión, de cada mil matrimonios que se contraen
no se ejecutaría una docena.
Consecuencias de una
decisión desacertada.
Una vez dado este primer mal paso de la elección, hay que advertir que
cuanto mas tiene de estravagente, tantas mas circunstancias se reúnen para
impedirnos el conocimiento del error en que caemos. Un buen amigo, si nos
hallásemos en estado de dar oídos a sus consejos, es el único que podría romper
las cataratas de nuestros ojos, y hacernos conocer el verdadero estado de
ilusión y frenesí en que estamos; pero lo que hay de mas fatal en esto, es que
en tanto que la ilusión y enajenamiento dura; todo cuanto se nos quiere decir,
para disuadirnos de la empresa a que nos arrojamos, es otro tanto machacar en
yerro frio, y predicar en desierto; pues todo lo atribuimos a envidia y malas
voluntades, estando como estamos plenamente persuadidos de que es del todo
imposible que una persona que ha llegado a arrebatar nuestras atenciones y
hacerse con el absoluto dominio de nuestro corazón, tenga los borrones que se
le quieren suponer, y que nosotros indispensablemente debiéramos haberla conocido. Por otra parte,
no faltan aduladores, partidarios de la señorita, y por un motivo u otro estan
interesados en la realización de la boda: y estos nos están incesantemente
haciendo los mas escecivos elogios del objeto que nos tiene encantados, y
acaban de precipitarnos al abismo, que después ha de serlo de todo nuestro
desconsuelo.
Lo que debería ser.
Sería una cosa sumamente digna de los cuidados y cariños paternales el que
en la educación de nuestra juventud lo que dirigiese toda una sana razón, libre
en cuanto que pueda contribuir a exaltar nuestra imaginación sin fundado
motivo, y fuera del caso. Sería tambien una empresa muy digna de los juiciosos
literatos el que no diesen a luz más que obras capaces de instruir y deleitar,
sin presentar tantas escenas romancescas de ciertos entendimientos continuamente
delirantes, que parece porfían entre ellos a quien concebirá mayores
extravagancias, y las mas de las veces pagan su fatal contagio a los pobres
lectores. Por fin sería muy y muy dingo de todos los ilustres artistas el que
no se empleasen mas que en presentar rasgos de las mas acendradas virtudes, y
acciones merecedoras de la mayor estimación y aprecio. Entonces, las
travesuras, las obscenidades, los arrebatos apasionados, todas las cosas en fin
que no han sido mas que estravíos de la
razón, y desenfrenos de almas mal nacidas, habrían quedado sepultadas en el
eterno letargo, a que eran únicamente acreedoras. Pero por desgracia no es así.
Las manos maestras se emplean pocas veces en dar celebridad a la corrupción de
costumbres, las fantasías se exaltan, las pasiones se inflaman, y revienta
antes de tiempo una estruendosa mina. Sería pues de desear, para nuestro propio
bien, que las cosas se restituyesen al estado que llevamos dicho: y sobre todo
que se diese a nuestros jóvenes una educación menos frívola, una educación, que
les indujese a raciocinar con buena lógica, desde sus años inespertos,
presentándoles la carrera de la vida con todos los precipicios que la rodean, y
los malos pasos que es preciso saber evitar para llegar felizmente a puerto
seguro.
Lo que se seguiría de esto
Entonces todo concurriaia a coronar las primaveras y verano de nuestra vida
con las esquisitas guirlandas de las isntrucción, hermoseándola con unos
placeres, que no estarían tan juntos al peligro, porque serían puros y
juiciosos, y estarían dirigidos por la sana razón. Esta, el discernimiento y el
gusto dirigirían al hombre ene sus mas mínimos proyectos, y toda su existencia
se resentiría afortunadamente de este concurso y reunión de circunstancias
benéficas y tutelares.
De la exaltación y de la
cordura.
Necio es quien llegara a crear que las imaginaciones acaloradas
proporcionan mayor dosis de placer que aquellas que están gobernadas por las
reglas de la cordura. Al contrario, aquellas suelen ser muy frecuentemente un
inagotable manantial de yerros, extravíos y desaciertos, que un día u otro nos
causan los mas vivos pesares, al paso que el hombre sabe ser dueño de si, y
prescribir unos justos limites a sus delicias y recreos, esta saborea muy a
menudo unas sensaciones, tanto mas deliciosas cuanto menos tienen de
exageración o desarreglo.
Consecuencias de la cordura.
Esta cordura, esta sabiduría, que todos deberíamos desear que dirigiese y
gobernase esclusivamente las mas indiferentes acciones de nuestra vida, haría
que la juventud fuese más confiada y mas dócil a los consejos de los padres y
mayores, a todos los que tienen la espriencia que da la edad, y que se sienten
inclinados a comunicar sus frutos a la generación que va a sucederse;
generación que debería recoger esos frutos de su esperiencia con una
gratitud y un agradecimiento sin
límites; al paso que por su propia desgracia, y por una fatalidad inconcebible,
casi siempre desdeña un don tan precioso, para adquirirlo después a fuerza de penalidades y escarmientos, y las más de las veces a
costa de su felicidad y fortuna.
Sentimientos inútiles.
¡Oh si yo pudiese volver a empezar las carrera de mi vida! Suele decir el
hombre al acercarse el invierno de sus años. ¡Cuantos terribilísimos escollos
sabría evitar ¡ ¡Oh que bien emplearía los bellos años de la juventud¡, ¡Cuan
diferentemente obraría de lo que he hecho¡… Sentimientos vanos, vanas
exclamaciones. En tanto que el yerro esta caliente se necesita machacar, En
llegando a enfriarse todo trabajo es perdido. Los bellos años de la vida se le
han pasado ya al viejo, y no los volverá
a ver. Los animales no son como los vegetales. Muchos de estos tienen, por
decirlo así, una vida que se renueva todos los años, pero nosotros no tenemos
mas que una primavera, un verano, un otoño y un invierno. Llegando este, es
segura nuestra partida; y ojala no se viesen tantos y tanos precisados a
ejecutarla antes de tiempo, aprovechad las lecciones de la sabiduría; y no
tendréis que arrepentiros después, de haber dado en tal fatales estravíos.
Espereincia perdida
La juventud debería perferir los tesoros inapreciables de esta esperiencia
a las mas ricas herencias; pero ¡como es posible que nuestros jóvenes den la
esperiencia de los ancianos el valor que efectivamente tiene, cuando todo
cuanto se les ofrece en sus inespertos años contribuye a que la miren como un
verdadero desatino y una declarada chochez. En efecto en todos nuestros teatros,
en un sinfín de libros y de cuadros, solo se le presenten extravagancias, como
modelos que deben seguir, pintándosele siempre a los jefes de familia y a todo
anciano, como a gentes destituidas ya del uso de la razón, y más niños que los
niños. Con esto los esfuerzos y cuidados de la generación que se va quedan
inutilizados para la que viene y todo el fruto de su esperiencia queda perdido;
porque ¿Quién ha de aprovecharse de las buenas máximas que pueden esforzarse en
querernos inspirar aquellos sujetos que estamos acostumbrados a mirar
continuamente como unos seres ridículos? La ancianidad ha logrado bien a su costa
hacer un gran fondo de esperiencia y de saber; pero este y aquella le acompañan
hasta el sepulcro, y allí se entierran tambien con aquellos honrados cadáveres,
que tanto padecieron para logar su interesante adquisición, y la generación que
le sucede no saca ningún fruto de ella. Pero sírvanos de consuelo que este
error ha reinado siempre, y que lo mismo había sucedido tambien a las
generaciones.
Resultados de la
inexperiencia.
El más fatal resultado de la inexperiencia y de la sinrazón, resultado contra
el cual deberíamos estar siempre alerta, es la mala elección de una muger. Se
puede volver a adquirir un caudal semejante, y aun, si se me apura, superior al
que se haya perdido, jugado o malgastado: se puede recobrar la salud después de
la mas cruel enfermedad; a amuchas otras cosas se puede poner remedio, y
aplicar una cura radical; pero dado el si, no hay que volver atrás en la
ceremonia matrimonial; y solo la muerte de uno de los contrayentes puede
deshacer el lazo del matrimonio. Luego este es uno de los asuntos mas
interesantes para el hombre; pues ha de ser nada menos que para toda su vida; y
los emprendemos como cosa muy frívola y de poquísimas consecuencias. Si, una
vez conocemos los tropiezos a que puede arrastrarnos la falta de esperiencia
propia, fuésemos capaces de aprovecharnos de la esperiencia agena; si
escuchásemos con docilidad consejos de las personas escarmentadas en materia de
casamientos; no hay dudad que aloménos conseguiríamos evitar los daños que
necesariamente deben resultar de hacer las cosas a ciegas, y como quien dice
sin consejo alguno; y aun cuando por la complicación de tantas circunstancias
como se reúnen en los galanteos, no siempre se lograse acertar en la elección,
a causa de ser este uno de los asuntos mas espinosos; alo menos los casamientos
que acertados fueran mucho mas frecuentes de lo que son ahora, y en los que
saliesen desacertadas se tendría a lo menos el consuelo de que la suerte y un
destino fatal se habían tenazmente opuesto a la sagacidad de todas las precauciones
y cautelas; y que se había hecho cuento era posible para acertar.
Conclusión
En vista de todo lo que acabamos de decir, es evidente que el que desee ser
dichoso en el estado del matrimonio, y disfrutar de aquella paz interior que
forma las delicias de toda persona sensata y de buenos sentimientos, debe estar
muy alerta contra las acechanzas de la seducción y encanto con que suelen
ofrecerse a los ojos nuevos e incautos esos objetivos que, sea cual fuera su
carácter interior verdadero, suelen presentarse a cautivar voluntades, bajo un
aspecto el más lisongero y atractivo. Observación continua, serenidad, calma y
sosiego son calidades necesarias para
proceder con alguna probabilidad de acertar, en la elección de una compañera, y
si a todo esto, y aun continuó estar sobre si, para averiguar por todos lados
si la persona posee realmente todo las circunstancias que aparenta, o bien, si
es muy ardiente de ser felices, y de no obtener la mano de tal o tal señora,
convengamos o no nos convenga, buscando con ahinco los consejos de quien no los
puede dar saludables y desintereados, podremos estar plenamente persuadidos de
haber hecho cuanto estaba de nuestra parte, para dar en el blanco, y conseguir
la felicidad terrestre de nuestras personas.

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